¡Hola! Esta semana estoy súper emocionada. ¿Por qué? Porque este fin de semana he empezado un curso, que digo un cursazo para entusiastas en el Basque Culinary Center, un sueño hecho realidad. En él se tratan técnicas, cocina nacional, internacional, catas, panes… Muy completo 🙂 En él no solo me veré las caras con mi tan querida cocina plant-based, también tendré que cocina pescados y carnes, pero voy con una mentalidad muy abierta y estoy segura de que podré encontrar alternativas vegetales a todo lo que me enseñen. ¿A qué viene esta chapa? A que la receta que os traigo hoy la hicimos el sábado y me parece algo tan básico que todo el mundo tendría que saber hacer.
Existen muchas recetas que han ido de generación en generación y han sobrevivido a todo convirtiéndose en básicos del día a día. En mi caso, si pienso en básico se me viene a la cabeza el pisto. Una base de verduras bien rehogadas que te vale como acompañamiento, como base de un plato o como parte de una salsa. Vamos, que vale para todo.
Ingredientes (un tarro grande)
- 2 cebollas
- 1 + 1/2 pimiento rojo
- 2-3 pimientos verdes (depende del tamaño que tengan)
- 1 calabacín
- 4 tomates rama
- AOVE
- Sal
- 1 cucharadita de tomillo seco
- 1 huevo (por persona)
- Aceite de rufa
- 1 pizca de sal
Elaboración
Pisto
- Pon una cucharada de AOVE en una cazuela y ponla a fuego medio-alto.
- Pica las cebollas, el pimiento rojo y el verde en cachitos pequeños, lo más parecidos entre ellos de tamaño posible. Así se hará todo de una manera uniforme.
- Cuando esté el aceite caliente, añade las verduras a la cazuela y un pellizco de sal y deja que se vaya haciendo poco a poco. La clave de este pisto es el tiempo. No hay que tener prisa, necesitamos que las verduras suelten todo su agua y caramelicen bien para tener un sabor inmejorable.
- Una vez estén las verduras bien pochadas, pica el calabacín (al mismo tamaño que las cebollas y pimientos) y deja que se cocine unos 10 minutos todo junto. Vete controlando el calor del fuego. Es posible que se haya empezado a pegar en la base, pero no pasa nada, ahí está el truco. Si ves que se pega demasiado, échale un poquito más de aceite o un chorrito de agua y remueve.
- Pela y pica los tomates y añádelos a la cazuela. Añade también la cucharadita de tomillo.
- Deja que se cocine todo junto hasta que empiece a tener un color más acaramelado. Entre 15 y 20 minutos.
Huevo
- Pon una cazuela con agua a hervir.
- En una flanera o vaso pon un film transparente y échale unas gotas de aceite de trufa (o AOVE)
- Casca el huevo y échalo encima. Pon un poco de sal.
- Haz una especie de saquito con el film y gíralo hasta quitarle todo el aire que haya en el interior.
- Ata con una lid o una cuerda.
- Hiérvelo durante 4-5 minutos para que la clara esté cuajada y la yema líquida.
Esta vez el pisto está acompañado por un huevo flor con un toque de aceite de trufa, pero puedes ponerlo con unos garbanzos, con un poco de tempeh, con tofu, con pasta, como sofriot de un arroz… Con todo lo que se te ocurra.
Mi recomendación si te pones a hacer este plato es que hagas cantidad. Sé que lleva tiempo hacerlo, pero no tiene precio abrir la nevera y encontrar un envase con este pisto, Aguanta entre 4-6 días una vez hecho y además se puede congelar. ¿Qué más se puede pedir?
Espero que pongas en práctica esta receta y se convierta en un indispensable de tu recetario, como ya lo es del mío.
P.D.: Sé que debo un post hablando de la cocina marroquí. Prometo no hacerte esperar mucho. 🙂